La realidad, a veces, tiene la consistencia de un tajo. Para casi 20.000 personas en Mar del Plata, ese tajo se materializó en la puerta de un hospital. El Hospital Privado de la Comunidad (HPC), un faro de atención médica en la ciudad costera, decidió bajar las persianas a los afiliados de la Obra Social de las Fuerzas Armadas y de Seguridad (IOSFA). No fue un capricho, sino la respuesta seca a una deuda que se volvió asfixiante. Detrás de los números y las planillas, hay una historia de desamparo que recorre el país, desde las oficinas ministeriales hasta la mesa de luz de un suboficial retirado que ya no sabe dónde comprar sus remedios.
Del superávit al abismo financiero
El contraste es, por lo menos, desconcertante. Según informes que circulan en los pasillos de la política nacional, la gestión actual recibió una obra social que ostentaba un superávit de 25.000 millones de pesos. Sin embargo, en un giro que parece desafiar las leyes de la lógica contable, la deuda actual de IOSFA ha escalado hasta la cifra astronómica de 300.000 millones de pesos.
Esta metamorfosis financiera no es solo un problema de balances; es una «parálisis» que impacta de lleno en los sectores más vulnerables de la fuerza, cuyos salarios, en muchos casos, ya se encuentran por debajo de la línea de pobreza. La falta de aportes y el retraso en las contribuciones han erosionado las finanzas de una institución que debía ser el refugio sanitario de quienes sirven a la patria.
Consultorías millonarias en medio de la emergencia
Mientras los servicios se cortan y los turnos se postergan indefinidamente, surge un dato que genera indignación entre los afiliados: el gasto de 86.000 millones de pesos en una consultoría externa. El objetivo declarado por las autoridades es un «programa integral de prestaciones» destinado a optimizar la red social.
Sin embargo, para el hombre que espera una cirugía o la madre que busca un tratamiento para su hijo con discapacidad, el concepto suena ambiguo, casi etéreo. Resulta difícil de explicar cómo se destinan fondos millonarios a «revisar el funcionamiento» de una estructura que, en la práctica, ha dejado de prestar servicios básicos por falta de pago. En este contexto, la palabra «optimización» se siente como un eufemismo amargo.
El fantasma de la venta del Hospital Militar Central
La crisis ha alimentado rumores que inquietan al corazón de la familia militar: la posible venta de activos inmobiliarios para cancelar deudas. En la lista de 44 inmuebles que estarían bajo la lupa, aparece un nombre de peso propio: el Hospital Militar Central en Buenos Aires.
Vender este edificio, que es mucho más que cemento y ladrillos, significaría desprenderse de un símbolo de la sanidad militar argentina. Es el lugar donde se atienden miles de familias y donde reside gran parte de la capacidad operativa de salud de las fuerzas. La sola mención de su enajenación revela la profundidad del pozo financiero en el que se encuentra la obra social.
Denuncias judiciales y el futuro de OSFA
La situación ha traspasado los límites de la administración interna para convertirse en un expediente judicial. La diputada Lourdes Arrieta ha presentado una denuncia penal contra el ministro de Defensa, Luis Petri, por presunta malversación de fondos. El foco de la investigación son dos préstamos —uno de 14.000 millones y otro de 42.000 millones de pesos— cuyos destinos no estarían debidamente aclarados.
En medio de este torbellino, se ha anunciado un proceso de «rebranding». A partir del 1 de abril, IOSFA iniciará una transición para convertirse en OSFA. Las autoridades prometen que el traspaso de afiliados será progresivo. Pero la duda permanece flotando en el aire: ¿será este cambio de nombre una solución estructural a la falta de prestaciones, o simplemente una forma de cambiar la fachada de una casa que se está derrumbando por dentro?
Para los 600.000 afiliados de todo el país, la respuesta no puede esperar a que los consultores terminen su informe. La salud, a diferencia de los balances, no entiende de prórrogas.
Informe de Santino Soru en Mejor Chequealo







