María Laura Lastres[1]
Los sesgos son definidos como un defecto en el diseño de un estudio de investigación científica o en el método usado para recopilar o interpretar la información. Los sesgos pueden conducir a conclusiones incorrectas acerca de los resultados del estudio o el ensayo clínico.
En este artículo hablaré de los sesgos de género considerado una tendencia o prejuicio que favorece a un género sobre otro y se basa en ideas y estereotipos culturales dando lugar a juicios, decisiones o tratamientos desiguales en diversos ámbitos (laboral, social, salud), perpetuando las desigualdades ya establecidas y tan difíciles de erradicar. Toman la forma de preferencias arraigadas “lo masculino es universal” (androcentrismo) o bien habilitando la aplicación de distintos criterios a hombres y mujeres, denominados dobles estándares, que afectan la percepción y oportunidades de las personas.
Los sesgos pueden ser inconscientes y estar basados en creencias sociales, así podremos encontrar sesgos de maternidad que implican retacear las oportunidades laborales o académicas de crecimiento a las mujeres ya que, en algún momento de sus vidas quedarán embarazadas y dejaran sus espacios, sesgos en investigación científica que, históricamente, estuvo (y está aún) centrada en hombres, en los programas educativos y las expectativas profesionales según el sexo asignado al nacer o el género, hasta llegar a encontrarlos en la inteligencia artificial. Prueben buscar imágenes de personas exitosas y vean a qué género pertenecen las mismas, luego busquen aquellas que ilustren tareas de cuidado. ¡Sorpresa!
Sus manifestaciones más comunes son el androcentrismo por el cual se identifica lo masculino como lo humano general, invisibilizando a las mujeres, la insensibilidad de género, incapaz de considerar las diferencias entre sexo y género en diversos contextos, el doble estándar que juzga de forma diferente situaciones idénticas según el género (ser asertivo – mostrarse agresiva), sesgos de afinidad que favorecer a personas del mismo género por identificarse con sus experiencias compartidas y en lo que hace a la salud el investigar o tratar enfermedades de manera diferente en hombres y mujeres, ignorando síntomas y respuestas distintas.
Y aquí es donde voy a detenerme, porque un sesgo de género en el diagnóstico médico ocurre cuando las diferencias entre mujeres, hombres y personas de otros géneros no se consideran adecuadamente, lo cual puede llevar a errores diagnósticos, tratamientos incorrectos o retrasados o a no reconocer síntomas específicos de cada género. Incluso se han realizado investigaciones en países con poblaciones racializadas, donde se identificaba a las personas negras como potenciales pacientes que manifestaran abusar de los fármacos contra el dolor.
Pero volvamos al tema que me convoca. ¿Cómo se manifiesta un sesgo? Dado que muchas enfermedades han sido tradicionalmente estudiadas en hombres, podría suceder (y sucede) que los criterios diagnósticos estén basados en patrones típicos masculinos, provocando que los síntomas considerados “típicos” sean mal definidos y en el caso de las mujeres se confundan o se subestimen, llevando a diagnósticos erróneos, o en personas no binarias y trans, no se le de la importancia que tienen los signos y efectos de tratamientos hormonales.
Pero, ¿por qué se producen los sesgos de género en los diagnósticos?, por múltiples factores como, por ejemplo la falta de representación en la investigación, dado que muchos estudios clínicos han incluido principalmente a hombres, haciendo que la evidencia recolectada sea pobre respecto de esa enfermedad en las mujeres, las respuestas que a diversos medicamentos o la interacción de estas dos situaciones con ciertos factores hormonales.
También ponen lo suyo los estereotipos culturales manifestados como ideas preconcebidas tales como que “las mujeres exageran el dolor” o que “los hombres toleran más síntomas”. Aquí permítanme detenerme y plantear ¿es correcto asumir que los hombres toleran más los síntomas o es quizás las masculinidades reinantes llevan a que los varones sean reacios a recurrir a la consulta médica “por cualquier cosas”?
Todo lo que sumado a programas de formación médica que pueden no enfatizar suficientemente las diferencias de género en la medicina, llevando a influenciar la forma en que el personal de salud interpreta esos síntomas.
En septiembre de 2025 se publicó la siguiente noticia “La joven que murió a los 27 años de un cáncer que fue ignorado por los médicos e inspiró una nueva guía en Reino Unido”[2], firmada por Philippa Roxby, narra como Jessica Brady, una ingeniera de Airbus, contactó a su médico general más de 20 veces cuando se sentía mal de salud. En todas las ocasiones le dijeron que sus síntomas estaban relacionados con el covid-19 persistente y que «era demasiado joven para tener cáncer». Jessica padecía un cáncer en etapa 4.
Según la nota, su madre narra que Jessica «… había perdido bastante peso involuntariamente, tenía sudores nocturnos, fatiga crónica, tos persistente y ganglios linfáticos muy inflamados», pero el personal de salud consideró que a su edad no era posible pensar en un enfermedad grave, como la que realmente estaba desarrollando. En noviembre de 2020 falleció a consecuencia de adenocarcinoma terminal que afecta las glándulas que recubren los órganos.
Como consecuencia de su trágico fallecimiento el Reino Unido a través del Servicio Nacional de Salud (NHS) lanzó la “Regulación de Jess”, que obliga al personal de salud a pensar más de una vez y a escuchar a sus pacientes. Su familia espera que esto ayude a concientizar sobre la importancia de que los médicos generales actúen con rapidez ante pacientes que se deterioran gradualmente.
Si bien no es una ley, sino un recordatorio para que las médicas y los médicos generales adopten otro enfoque, con consultas presenciales, pruebas adicionales o una segunda opinión de colegas. En este artículo se destaca que existen investigaciones que sugieren que en los pacientes más jóvenes y las personas de minorías étnicas, se producen retrasos antes de ser diagnosticados con una enfermedad grave.
En España, por su parte, un reciente fallo judicial del Juzgado de Primera Instancia 42 de Barcelona, condenó a una clínica a indemnizar a una paciente a la que se diagnosticó erróneamente con anorexia, cuando padecía un trastorno digestivo y fue internada contra su voluntad, con autorización judicial, durante dos meses. La sentencia contempla los sesgos de género, en este caso respecto de las mujeres y ordenó el pago de 73.000 euros haciendo hincapié en “la banalización de los síntomas de las mujeres, que reciben más diagnósticos de ansiedad, depresión o somatización en detrimento de investigar causas físicas reales»[3] y sostiene que se no se valoraron en forma adecuada las manifestaciones de la paciente, poniendo de resalto que las mujeres suelen recibir «más diagnósticos de ansiedad, depresión o somatización en detrimento de investigar causas físicas reales, lo que perpetúa la idea de que las mujeres son ‘emocionales’, ‘débiles’, ‘exageradas’, ‘hipocondríacas’, o ‘histéricas’, lo que genera retrasos en diagnósticos o error en los mismos”. En este caso el personal médico se aferró a un estereotipo que prejuzga falta de idoneidad en una mujer para describir, evaluar y decidir sobre su propia salud
Finalmente, los sesgos de género en la medicina no son solo “ideas equivocadas”: tienen consecuencias reales en la salud de las personas, se manifiestan cuando no se reconocen las diferencias biológicas y sociales entre géneros en investigación, diagnóstico y tratamiento médico.
[1] Abogada (UBA), Especialista en Investigación Científica del Delito (IUPFA), Género (UBA) y Género y Políticas Públicas (OEA – Comunicar Igualdad). Trabajadora del Poder Judicial de CABA
[2] https://www.bbc.com/mundo/articles/cj9zy38rmg2o
[3] https://www.publico.es/politica/tribunales/era-anorexia-trastorno-digestivo-primera-vez-sentencia-fija-sesgos-mujeres-medicina.amp.html nota firmada por Ana María Pascual – Madrid 30/09/2025







